martes, 7 de octubre de 2014

Dos visiones sobre el libro de Trierweiler publicada en Babelia, El país, 29/9/

¿Son lícitas las memorias de Valérie Trierweiler?

El dilema: ¿fenómeno literario o simple venganza?

Valérie Trierweiler, en pasado enero en un viaje a India. / FRANCE PRESS

Reclamar el espacio

Por Patricia Souza

Valérie Trierweiler ha sacudido la reentré literaria en Francia y saca un libro donde revela todo sobre su relación con el presidente francés: el triángulo amoroso, frases lapidarias de Hollande sobre los franceses, escándalo. Hasta ahí tiene los ingredientes de un libelo, de un arreglo de cuentas para curar un abandono. Varias librerías deciden no venderlo. Mensaje: la literatura es un hecho separado del mundo real, no transitivo a la esfera pública. Trierweiler fue inmediatamente encerrada en el círculo inmanente de la loca histérica y celosa que escribe por dinero. Pocas personas han salido en su defensa y los literarios han sentido que el tema no les concernía. Argumentos: división entre vida pública y privada, derecho al secreto. Pero estas dos reglas corresponden a una división que viene del siglo XVIII y divide el trabajo en dos conceptos distintos en función del género: las mujeres tienen reservado el espacio íntimo, lo doméstico, y los hombres el público o el ejercicio de una ciudadanía plena. La gente se lanzó a comprar el libro, no solo por chismosa, sino porque les hablaba de sus propias vidas, de una mujer de extracto social bajo que es repudiada. Es la fuerza de la literatura popular contra su versión burguesa (no hay perlas sino lágrimas, no hay marcas sino desarraigo). Es el hecho pequeño, banal y cotidiano, llevado al espacio público, es el derecho al discurso negado a las mujeres en sociedad. Quizás este hecho histórico signifique que el ejercicio del discurso en lo público es también otra forma de hacer de la literatura un fenómeno vivo y social, en suma un hecho también político. Cuanto más lejos esté la literatura de las experiencias concretas, más fría será la mirada exterior. En este caso, la realidad se impone a la ficción con un libro que decide hablar, con todos sus excesos y pequeñeces, desde el espacio de la emoción, desde la no teatralización de la verdad.

Dañina y mediocre

Por Ana Palacio

Merci pour ce moment, de Valérie Trierweiler, es un libro de alcoba y mensajes de texto de teléfono, en el que las largas disquisiciones de la autora sobre su vocación de ayuda a niños y pobres no consiguen prender la atención del lector. Y lo mismo cabe decir de los excursos sobre François Hollande que trascienden su relación amorosa; los comentarios sobre el político o el amigo de sus amigos resultan artificiosos y se despegan del relato. Estamos, así, ante un vodevil que, pese a su liviandad y sin ni siquiera pretenderlo, atañe a los fundamentos mismos de la République.
Los medios franceses anunciaron a bombo y platillo que conoceríamos detalles escabrosos del presidente que cuestionarían su aptitud para gobernar Francia. La realidad, sin embargo, es bien otra: Valérie Trierweiler no descubre nada de interés. El hilván del libro son sus celos. Celos que confluyen en despecho, que culmina en el rechazo a un Hollande que le suplica volver en 29 mensajes telefónicos de texto enviados en un solo día. No estamos, así, ante el Otelo del siglo XXI.
Y no, Hollande no esconde un Mr. Hyde. Resulta ser un hombre como tantos, un hombre corriente parapetado en lo sentimental tras medias verdades, que simultánea dos relaciones, a quien le cuesta romper. Pero, si bien la mediocre venganza de Trierweiler va dirigida a la pareja, a quien alcanza es al presidente de una República francesa en cuyo ADN figuran las formas, las convenciones, la liturgia, la bienséance en fin. Cultura política esta que cristaliza en las unánimes y encendidas críticas —desde el aliado Manuel Valls hasta la némesis Marine LePen— porque esta desnudez íntima del rey carece de interés para los ciudadanos y es dañina para la institución.

lunes, 29 de septiembre de 2014

vínculos

caigo en la cuenta, tarde, que lo que falla entre las mujeres son los vínculos que podrían ser el soporte para pensar, coordinar y reaccionar. No hay lucha individual que funcione. Y, por más que sienta que mis libros trazan un camino, es tan solitario, que a veces siento frío!

La imagen que más me acosa sobre las mujeres, es la de su soledad y su desconcierto en medido de este caos que se vive ahora. El capitalismo ha adormecido su capacidad de acción, nos ha intimidado con la amenaza de que una reacción será castigada. Los vínculos, los artículos que podrían ayudarnos a pensar, no se ven, o si se ven no son de forma masiva sino sesgada, casi oculta. Pensar que hay que hacer algo para que esto cambie no es vanidad, y menos, una forma de hacerse conocida, o una forma de publicidad enmascarada (es la peor tribuna la del feminismo, la más despreciada, la más conflictiva) es en realidad una deuda, deuda como mujer, como una historia sexuada a partir y desde ahí, y una deuda con el lenguaje, que no puede volverse totalmente esquizofrénico y desligado de la realidad... el lenguaje puede nombrar y puede liberar, de ahí mi inquietud.

cuelgo un link sobre la celebrada participación de Emma Watson en la ONU, parecía un cuento de hadas, pero, detrás de eso hay otro análisis que es importante tener en cuenta.
Miren este texto. las pocas personas que leen miren con atención:

http://www.portaloaca.com/articulos/antipatriarcado/9437-emma-watson-el-angelical-rostro-del-patriarcado-internacional-al-servicio-del-capitalismo.html

martes, 9 de septiembre de 2014

abajo las máscaras

Lo más sorprendente del reciente libro de Valérie Trierwieler, Gracias por este instante, es su impacto. Hay muchos razones para que esto sea así, primero, es la ex-compañera de Francois Hollande, presidente de Francia, segundo, este libro se publica luego de una separación complicada, en medio de una crisis moral, económica, política de las clases gobernantes, y de una desencanto general de la población que esperaba otra cosa de un presidente de "izquierda".
Esta palabra cada vez suena más fofa, las ideas suenan disociadas de las acciones, y es ahí donde este libro ha tocado una herida, una experiencia que cada persona vive con cierta amargura: la relación con la mentira, las palabras que no quieren decir nada, no significan, no comprometen a las personas. El lenguaje empleado de esta manera se deshumaniza, deshumaniza y hunde a todo el mundo en la depresión. Si no podemos creer en lo que nos dicen, ¿qué nos queda, el cinismo, la oscuridad de la dimisión?

Un filósofo francés decía que el sentimiento más común entre la población francesa era la invisibilidad, la soledad y el desarraigo. No creo que les sea exclusivo, aunque tal vez el sueño de un país rico, con un gobierno de valores supuestamente colectivos prometía mucho más, y prometía mucho más también a las mujeres. Valérie Trierwieler revela un problema de sociedad profundo que concierne a todas las mujeres en el mundo: la del maltrato sistemático  de las mujeres, maltrato sicológico a través del desprecio, en realidad es también  de toda una población, de un llamado género, femenino, para usar esta palabra que significa MUJER. ¿Qué significa para los hombres políticos? Aparentemente no más que "los desdentados",  a los que según ella hace alusión cuando Francois Hollande se refiere a los pobres (sic). Incluso esto podría ser inocuo en una persona que no ha manifestado sensibilidad sino más bien una inteligencia astuta, miedosa, estratégica. Tal vez ese sea el problema más grave en Francia, la reproducción en serie de modelos masculinos torpes, depredadores que se enfrentan a la misma representación milenaria de la mujer: un medio, un objeto, no una persona. Más allá del interés morboso que ha despertado el libro, lo que se refleja  en el libro parece ser la vulnerabilidad de una mujer arrojada a la muchedumbre, expuesta, humillada, repudiada.

Lo más alucinante es que muchas librerías se nieguen a venderlo (re sic), que tantas mujeres salgan vestidas de geishas a defender a su "hombre de estado". Pasó lo mismo con Dominique Strauss-Kahn cuando se le acusó de violación. Incluso Julia Kristeva saltó a ala tarima para decir que "había que comprender las necesidades físicas de un hombre"!.... Ahora Segolene Royal, ex candidata y ex-esposa, Ministra del medio ambiente, sale en su defensa, es el padre de su hijo, pero, cero alteridad con su la ex compañera de Hollande. Se cierran filas, las mujeres protegen el patriarcado y minimizan los hechos. No es que que haya que perseguir al Francois Hollande, es el juego con la mentira que desengaña a tanta gente, el "parecer" que no tiene nada que ver con "ser.L o que se esconde (aquñi se usa la palabra "omerta") detrás del traje de "ahorcado" (porque quién sabe hasta qué punto también s prisionero de sus prejuicios), la corbata, el protocolo, farsa, comedia, farsa, grita la gente, como en la época de los reyes. No hay gobierno de izquierda más burgués y rígido que el que hay ahora en Francia (o no sé tal vez siempre ha sido así solo que ahora mi conciencia es más lúcida), y, definitivamente eso no va con los tiempos, menos, con las reivindicaciones urgentes de tantas mujeres. No se pueden vivir siglos enteros manteniendo las mismas representaciones humillantes que se mantienen y se protegen en el mundo entero sobre lo que significa "ser mujer", feminidad, etc...
los de la ciudadana, los de la persona entera, están vedados y el libro de Trierwieler es solo una gota fría que cae en medio de aceite hirviendo. Eso.

sábado, 30 de agosto de 2014

este siglo nos toca a las mujeres

he venido pensando en etsa idea, de que con todas las tragedias que suceden en el mundo, no solo deben actuar los hombres, que detentan el poder político, sino también nosotras, las mujeres. No podemos erguir actuando como "minoría" son serlo. Nuestros intereses familiares, individuales, de clase, no pueden estar por encima del interés colectivo, no podemos dejar de interesarnos por la situación de millones de mujeres en el mundo. Dejemos de creernos el cuento del príncipe azul, ni ángeles ni demonios, seres de carne hueso, hombres, personas. La pregunta que debemos hacernos es si nuestro género no nos marca y nos impide ser Personas.

percibo con más nitidez la soledad de las mujeres, las siento más encerradas, más inmanentes, porque de veras lo están. Están solas porque casi todas no tienen futuro solas, solo acompañadas. En este mundo de conflictos armados, tal vez porque los hombre encuentran una compensación a su falta de poder sobre la vida ( y no es androfobia, ojo) compensan esto apoderándose de la vida de las personas en medio del conflicto de la guerra, deciden sobre vidas. Son hombres los que nos "gobiernan" y crean leyes, etc...

dejemos hablar a nuestro tiempo, y sin un cambio tiene que producirse en las sociedades en que nos ha tocado vivir, no será sin las mujeres, esta mayoría tratada como minoría, estas personas castradas, marcadas a fuego por el género y el sexo. Estoy segura.

domingo, 24 de agosto de 2014

El espacio público y las mujeres

La noticia la leí en el diario Le monde,  el viernes. "Las mujeres hacen un uso restringido del espacio público". "75% de los presupuestos sirven para financiar el esparcimiento de los hombres". Estamos hablando de Francia, de una sociedad que no tiene mucho de equitativa pero donde no debería ser una realidad tan flagrante, ¿cómo así? Dominación masculina simple. Hace unos meses le comentaba a un amigo sobre el tema de la ciudad como espacio sexuado (hablábamos de Lima que es super violenta y que según recuerdo tiene una cartografía muy clara de lugares intransitables), lugares prohibidos, lugares peligrosos. La mayoría de las ciudades, pensemos en París o en Madrid, Lima, México d.F, están hechas para que las mujeres se queden poco tiempo fuera y para que no anden solas por las calles. "La sociedad de control" permite que los hombres se instalen en el espacio público sin problemas, los hombres no temen agresiones, las mujeres sí. Todo esto tiene que ver con el cuerpo y la manera como nos movemos. En una sociedad donde la segregación es social y racial, ser extranjera y pobre.... Y mujer, hace que una persona se sienta aun más vulnerable. El dinero protege porque significa poder. Yo recuerdo mi primer aterrizaje en Francia, la violencia que ejercía en mí el espacio público lleno de rejas, de marcas en el suelo, de sirenas, semáforos, etc... hay una semiótica que advierte: peligro. Y no se trata de paranoia. También he leído un artículo sobre los No lugares en El país (creo que lo colgó Elvira Navarro), frase de Marc Augé que analiza estos espacios sin nombre, donde pierdes la identidad como persona y te haces invisible, los lugares que disuelven el deseo. Ya Henri Lefevbre, que era de esta región, Bernés, lo había dicho, las ciudades en Francia se han construido con una mentalidad práctica, con cortes muy claros entre espacio público y privado. ¿Qué resulta? Ciudades rígidas, y la creatividad es desplazada. Espero que entendamos de una vez por todas que la modernidad ha sacrificado varias cosas: la naturaleza y la imaginación!! Pero, no es solo eso, acabo de terminar un libro de Pierre Rabhi, el panorama es crítico... hay una catástrofe ecológica, humana y sanitaria (pensemos en el Africa) en proceso....

No soy la única que lo dice, ya somos muchoAs...

este tema  de las ciudades lo seguiré explorando... el desarraigo de las calles es ese desarraigo, no es como Patrick Modiano (como mencioné en otro post) que no pasa por una calle porque es fea o oscura, es que esas calles además de ser feas son solitarias y nos gritan, nos hunden en la vulnerabilidad de género.

regreso... faltan imágenes, pero, en muletas, no puedo cargar un Ipad...

domingo, 3 de agosto de 2014

¿Por qué las guerras?

Este es un fragmento sobre la razón de ser de las guerras que debería llevarnos a pensar en cuáles son las razones por las cuales, a pesar de todos los avances que hemos logrado en comunicación y educación, las guerras siguen siendo tan banales, atroces, pesadillas que no dejan soñar, cosas que hacen de la vida lo contrario de lo que es instalando el dolor y la muerte. Hasta ahora solo Virginia Woolf se ha atrevido a decirlo en un extenso libro que se llama Las tres guineas en el cual analiza una larga carta todas estas razones. Cito un fragmento que me parece absolutamente necesario: se trata de la primera obra que ha sido capaz de desmenuzar el logos masculino, la simbólica viril que construye la relación entre autoritarismo, cultura de privilegios/poder masculino (patriarcado) y la generación de la guerra y la única hasta hoy que lo ha hecho de manera tan global. Una obra que, anclándose en las condiciones de las mujeres de su época, la trasciende al ir demostrando paso a paso que, siendo la independencia material una base imprescindible y necesaria -objetivo para el cual dona dos de las tres guineas-, sin independencia simbólica la incorporación de las mujeres al mundo público (educación, trabajo y militancia) no evitará que, en unos años, se vuelva a formular la misma pregunta: 舠¿En su opinión, como podemos evitar la guerra?舡. 
Virginia Woolf marca todo su libro con la idea de la diferencia; empieza aclarándole a su interlocutor varón que hay una 舠dificultad de comunicación entre nosotros舡 que hace casi imposible responder a su pregunta. Disparar 舑le dice- ha sido un juguete y un deporte de los hombres en la caza y en la guerra, 舠para ustedes, en la lucha, hay cierta gloria, cierta necesidad, cierta satisfacción que nosotras jamás hemos sentido ni gozado; para ustedes la guerra es una profesión; una fuente de realización y diversión; y también es cauce de viriles cualidades sin las cuales los hombres quedarían menoscabados y que nos hace imposible comprender los impulsos que inducen a ir a la guerra舡; 舠舰 
Algún escritor dijo una vez que estaba convencido de que las guerras eran necesarias para fortalecer el poder viril de muchos hombres, es su viagra simbólico, ¿puede ser? No creo que las mujeres seamos menos violentas, muchas revoluciones han contado con la participación de mujeres tan crueles como los hombres, pero, en geopolítica, los hombres invierten una energía sorprendente en guerras y en hacerse de discursos que las justifiquen. No ha habido un solo Presidente, norteamericano sobre todo, que condene rotundamente las guerras como método disuasivo, que sea Libia, Ucrania, y ahora el abominable gobierno de Israel. Lo más terrible es que muchas personas vemos en el dolor una forma natural para que la vida se abra paso, de alguna manera lo justificamos en ciertas dosis, en ciertos momentos de la vida, y yo me pregunto si el dolor deliberadamente provocado por personas que ejercen el poder puede ser justificado desde el punto de vista moral. Lo que siento es que asisto a un tiempo en que hay una flacidez moral, una tonta maldad de creer que ese tipo de dolor, que es provocado y no natural, la pérdida de una persona querida, la enfermedad, es justificable. Nos hemos vuelto indiferentes,  y la indiferencia mata.

jueves, 24 de julio de 2014

La moda en París

Hace una semana que estoy en Paris. He caminado y caminado calles, pero todavía no encuentro "nada de mí, quiero decir nada que me sea "personal", paso de la vida secreta y sobria a la bulla y la exposición de París. Sí, tengo esa sensación de que si me voy a un café, a un parque, hay demasiada gente, demasiado ruido, que estás representando un rol, que inmediatamente te disecan con la mirada. Voila, eso es lo que siento y esto tiene que ver con la moda. Me explico, la moda ha diseñado una serie de estereotipos sobre las personas (hay que ver Henri Lefevbre para comprender mejor) y esto recae sobre todo en las mujeres, somos nosotras las que representamos mejor esos estereotipos, aunque también los hombres entran en este juego, los cortes "a medida" de una imagen social, de un rol social. Es increíble la cantidad de tiendas de ropa que hay en París y la cantidad de gente que compra y anda (no lo digo por crueldad) "disfrazada" porque los que llevan puesto no es espontáneo, no es natural, es actuado, preparado. Desde ese espacio que se llama "moda", se inventan a la mujer y cómo debe moverse, estar envuelta en público, recordemos que la vestimenta es la manera como las personas estamos en la calle, no podemos andar desnudas, obvio. Hay entonces una perfomance, una teatralización y una actuación, la mujer está constantemente encerrada por su género. No sé cuántas veces me han señalado un vestido, una falda, diciéndome "esto es más femenino" inspirándome mucha irritación. Yo quiero vestirme como me cante, como me sienta yo, como me sienta más cómoda, más libre. Me gustan las ropas y los objetos pero los elijo por su utilidad y porque me siento bien en ellos no porque estén de Moda. La Moda es el corsé de la libertad de actuar y pensar, es la alienación más inmediata. Me hacen falta un sinfín de cosas, pero nunca las tendré y no aspiro a eso, ¿o sí? Ojo, yo también me someto a esa alienación y le resisto, pero me cuesta. Y cómo! El otro día fui a las galerías Lafayette y terminé mareada. Había cola para Longchamp, resultado, no compré lo que necesitaba en rebajas porque no podía concentrarme...

el hábito no hace al monje, pero cómo entender esto en una sociedad que solo mira el exterior?
Nadie, salvo excepciones, se relaciona a través de la mirada franca, eso es raro, es casi planetario.
Creo que hay tantas cosas que distraen la vista, tantos parques temáticos, tanta propaganda, tanto objeto absurdo, que no podemos concentrarnos en lo esencial, lo que vivimos, lo que miramos.

volveré con mis notas desde París, extraño, mucho, mucho, Caracas. Pienso que es solo un paréntesis, una especie de vacaciones, que pronto regresaré y 4estoy segura de que sí.