lunes, 24 de febrero de 2014

Foucault más que nunca


Michel Foucault, el vigor de un pensamiento fuera de lo común.



Michel Foucault muere en el hospital parisino de la Salpetrière. Estamos en 1975 y los primeros indicios sobre su muerte son dudosos, más tarde se confirmará que ha muerto de una enfermedad hasta entonces poco conocida, el Sida. Militante, agitador de masas, no basta con pensar, hay que pasar a la acción, y él, como filósofo, lo hace convertido en esa “caja de herramientas” de la que hablaba Deleuze, dispuesto a apoyar los movimientos de rebelión contra la maquinaria estatal que asfixia al individuo. Foucault se va a instalar en el centro de un debate filosófico por la libertad, el cuerpo y la persona, el cuerpo y el deseo. Este debate se desarrollará en medio de la sociedad “bien pensante” de su época exponiendo a los sistemas políticos a un análisis sobre el abuso de poder y el exceso de vigilancia. Con Vigilar y castigar, esta reflexión abarca los sistemas penitenciarios y la prisión como un “dispositivo”, una tecnología política del cuerpo que domina el cuerpo y el alma a la sombra de los reglamentos, con la Historia de la locura en la edad clásica, el análisis toca la evolución de los sistemas de vigilancia e instala la duda sobre la noción de lo que se considera como normal, dura crítica al funcionamiento de las instituciones médicas y el uso del saber medical como instrumento de poder. Con Las palabras y las cosas el análisis del lenguaje lo lleva a hacer una epistemología de iconos y símbolos, el lenguaje constituido en una problemática frente al deseo (el centro de la reflexión de Jacques Lacan), la liberación y la valorización de la palabra de los oprimidos, inversión de poderes para sacarlos de una especie de mudez irremediable.
“El trabajo de un intelectual, nos dice Foucault, no es modelar la voluntad política de los otros, es, a través de los análisis que hace en los campos que son los suyos, interrogar las evidencias y los postulados, sacudir los hábitos, las formas de hacer y de pensar, disipar las familiaridades adquiridas, retomar la medida de las reglas y de las instituciones, y a partir de esa re-problematización (donde se juega su oficio de intelectual) participar en la formación de una voluntad política (donde debe jugar su rol de ciudadano). Bio-poder, ética institucional, compartir, poner en duda la política y sospechar de nuestras creencias, instalarse en la re-cuestionamiento de los valores que se convierten con el tiempo en verdades inamovibles, he ahí una parte importante del trabajo dejado por este filósofo.

Al poner el cuerpo biológico en el seno de la práctica histórica, Foucault inaugura la vía de una forma de historia de la resistencia y de la subjetivación, una forma fenomenológica que abarca el momento histórico y las condiciones de vida del individuo. El debate sobre este tema se hace urgente en nuestro tiempo, puesto que el discurso sobre la seguridad y la vigilancia se agudiza debido a una explosión demográfica. De otra parte, parece necesaria, en Francia, en toda Europa, una reflexión humanista y filosófica de los sistemas penitenciarios. Con un discurso político sobre la sexualidad en plena actualidad, el matrimonio homosexual es uno de ellos, el pensamiento de Foucault vuelve a cobrar vigencia, pero no en el sentido quizás que él esperaba, la sexualidad como una forma de utopía, proyecto individual de libertad fuera de las normas, sino como un discurso conformista donde ejercer el poder. Justamente, la pregunta que hay que hacerse es por qué reclamar una legislación (matrimonio) en el terreno donde lo individual podría gozar de un poder inalienable. Buena pregunta.

martes, 4 de febrero de 2014

Estudios de género, la polémica


Creo que esta es la lucha más lenta y más larga de la historia, que nada está ganado, que todo está por rehacer. Rehacer significa instalar las ideas sobre nuevos cimientos, que no nos dé miedo caernos desde arriba. Ahora mismo, en dos países que cuentan para nosotro.as, España, por estar en el origen de nuestro relato, y Francia, como el país referenciado por su lucha por los derechos universales, la polémica de la desigualdad inspirada en el sexo y el género, bate las laas. Tiendo a pensar, pese a que la "universalidad de los conceptos son un dilema", que hay ciertas cosas que necesitan de un acuerdo universal, que no podemos lograr si no consideramos que existen cosas básicas que debemos proteger. Una de tantas es la defensa de los derechos fundamentales de la mujer, aunque se me responda que hasta ahora, esta noción de derechos, ha sido impuesta desde fuera, desde una perspectiva occidental, es decir, en el norte, y no en nuestra geografía. Y es cierto, pero esa perspectiva que llega a acuerdos universales, toma en cuenta a aquella  mujer, que sigue siendo vista como un "sexo que no es uno", que no tiene visibilidad sino como un ser castrado, fragmentado, maniatado, sin historia y sin derechos verdaderos. Desde que en siglo XVIII Olympia de Gouges escribió su Declaración de los derechos de la mujer, que nunca fue adoptada restringiéndose a los "derechos del hombre", las cosas no han cambiado demasiado. Estamos asistiendo a un verdadero sismo a nivel planetario de lo que se podría ser un verdadero retroceso en materia de derechos civiles para las que son consideradas como el "segundo sexo". En ese aspecto todas las mujeres, que sean feministas ortodoxas o post-feministas, estamos de acuerdo. Cierto que no podemos aceptar la idea de "naturalizar" dos géneros, el masculino y el femenino, o dos sexos, macho y hembra y, que esa clasificación binaria, deje fuera al que es trans-género, al que sin tener otro sexo, se identifica con el otro, o con los dos. Es decir, cada configuración identitaria responde a diferentes historias, es por eso que la palabra "feminidad" como esencia es demasiado pesada para ser aceptada como simple realidad que abarcaría a todas las mujeres (ahí los universalismos no funcionan). Yo no creo en la feminidad. Punto.
Ahora empieza la batalla en las escuelas francesas promovidas por el reciente proyecto de ley del aborto en España, que solo lo permite en caso de violación o de peligro de muerte para la madre gestante. Los demás casos estarán excluidos y destinados a la clandestinidad, la humillación, la precariedad, la discriminación objetiva entre una mujer que se puede pagar un aborto seguro, y otras que no podrán  y tendrán que afrontar condiciones mucho más difíciles y traumatizantes.

Los estudios de género, el Abedecedario de la discriminación

  La inclusión de los "estudios de género" (gender studies) en la currícula escolar en Francia, ha movilizado a las derechas, algunas extremas, en defensa de la familia y del "derecho a la vida". Muchas mujeres en Europa, como lo señalaba la escritora Annie Ernaux, no han conocido la limitación de sus deseos, por tener acceso a métodos anticonceptivos diversos. No han sentido que tenían que decidir, simplemente han decidido, sensibilizadas por la nueva "mística feminista", que la maternidad es un destino en sí. Difícil que cambien de parecer y están en su derecho de decidir, pero que eso afecte al conjunto de la población femenina, es otra historia. Justamente, los estudios de género apuntaban a sensibilizar a hombres y mujeres sobre la discriminación perenne de las mujeres, hacerles conocer las luchas, aun vigentes, desde el punto de vista de la historia, de la antropología, la sociología, o la literatura, pero de ninguna manera es una "teoría", como se pretende hacer creer. Es difícil que un o una joven entiendan lo que la cultura en general le ha transmitido como una verdad objetiva, esta situación de desigualdad entre hombres y mujeres, homosexuales y heterosexuales, trans, etc... es decir, se trata de sensibilizar a los niños y niñas  hacia otras opciones sexuales en la identidad, desmontar lo que se ha adquirido como "natural", como dado. Y esto ha desembocado en manifestaciones multitudinarias acusatorias y en busca de un "chivo expiatorio", el gobierno en Francia, o las mujeres indomesticables en España que no aceptan perder lo que hasta entonces era un derecho. Sus mensajes  advirtien del "peligro moral" de poner en marcha lo que dicen es una "teoría, una ideología que pretende destruir la importancia de la familia en la sociedad" (sic). Aunque se ha dicho hasta la saciedad que no es una teoría sino un recorrido por las diferentes aristas del feminismo y las diferentes corrientes que han adoptado formas, modos de interpretar distintos  tanto en su forma política como social, y no como una teoría en el sentido lógico deductivo, causa efecto, o de ideas organizadas para defender un solo punto de vista, se insiste en este pretendido complot contra la familia que reune a los creyentes y no creyentes conservadores . No hay nada que demostrar, ni doctrina que adoptar, son, como su nombre lo dice, "estudios". Poder saber qué ha pasado y por qué. Increíble que sean mayormente mujeres las que se oponen, ven tambalear su casa ideal con niños dentro, ni idea. A veces pienso que el hecho de no verse como sujeto lleva a las peores cegueras, o será cierto como decía Engels en su historia de la familia, que perdimos históricamente cuando desapareció el matriarcado, y esa sensación de ser perdedoras es muy intensa y toca fibras muy antiguas, no lo sé. Ni siquiera sabemos si esta idea es cierta, salvo por Bachofem que sí creyó en el matriarcado, aunque no sin mostrar muchas pruebas. En suma, es un mito, que, simbólicamente representa muchas cosas. Si vamos a la historia del Perú, algunas personas hablan también de matriarcados en las sociedades precolombinas, el mito de los hermanos Ayar es uno de ellos. 



Hay un problema de lectura como lo hay con el de decir que existe "opresión" de la mujer, y no  asumir la dimensión política de este término. Nuestra sociedades en general, son sociedades patriarcales donde el sexismo, igual que el rascismo, marcan el ritmo de vida de las mujeres. !No nos hemos librado del cuerpo!! La igualdad entre los sexos sería un primer paso para una utopía necesaria del feminismo.

viernes, 17 de enero de 2014

La mujer autora, las repúblicas galantes

Si algunos piensan que esto es una autobiografía, es simplemente mi modelo, Colette.

Creo que esta frase de la escritora francesa es elocuente.  Decidir escribir es aventurares a construir-se fuera de los estereotipos, de las simulaciones que nos han enseñado y que no responden a nuestros deseos sino a una imagen que ha sido inventada por otras personas y desde el poder,  un poder masculino. No es que los hombres no estén obligados a distanciarse del estereotipo, al final, también es un infierno tener que actuar en el lugar del "fuerte", del duro. Y digo "actuar",  porque casi siempre actuamos, pero no somos lo que deseamos ser. Guy Debord decía: "Vivimos nuestra vida como un espectáculo", vivimos para el afuera, pero no para nosotras. Hay una perfomance en juego, en el sentido que lo entiende Judith Butler en su teoría del conflicto en el género. Es decir, que el género (y no el sexo) es una noción adquirida, administrada por los mecanismos de poder. La mujer en esto es la más presionada, la más neurótica, porque no tiene poder económico ni poder político. Cuando lo tiene, se convierte en autoritaria, tiene que gritar más alto, ser más radical para lograr imponerse, es la lógica del débil. Y es una trampa.

Decidir escribir es (al menos, ahora mismo, lo percibo así) salir de la trampa del estereotipo, desmontar para reconstruir otra imagen, aquella donde nos podamos mirar sin miedo, sin vergüenza. La otra frase de Virginia Woolf, "A lo mejor toda mi escritura no es más que una autobiografía" es la idea de que en esos personajes, de Mrs Dalloway, de Clarisa, etc, está ella, ella en tanto que la mujer que se resiste a ser encerrada en su género". Incluso en Orlando hay algo de eso.  Orlando no es ni hombre de mujer, es una masa de lenguaje, es lenguaje y es tiempo, es un fenómeno que se construye a cada instante, no es definido. Y nadie es siempre igual, una persona es un proceso, un devenir, de ahí la frase de Simone de Beauvoir, devenir, convertirse en... También quiso decir que "mujer" no es una categoría definida, que es una construcción oponiendo la creatividad, el deseo a lo fisiológico.

Por eso, hay una tensión constante entre aquella mujer que se desea libre, que desea la libertad como capacidad de pensar y actuar con autonomía, y las sociedades represivas y conservadoras. Allí donde los esquemas están más anquilosados, aquella que decide hablar en público será señalada. Muchas mujeres autoras deciden emplear la tercera persona, temen que sus familias se expongan al oprobio (si es que revelan demasiadas intimidades) o que los hombres se alejen por temor a verse "expuestos". Ningún hombre se va a plantear este dilema, las puertas están más abiertas y no hay censura. Es un sujeto libre y no inmanente como la mujer, encerrada en el paradigma maniqueo de su "naturaleza femenina" (maternidad, belleza, docilidad, hipersensibilidad, incapacidad, etc) : la que atenta contra las reglas de la tribu es una subversiva y debe ser censurada o castigada. Las que desean un  mínimo de visibilidad, necesitan muchas veces están obligadas a ser complacientes en sus temas y sus personajes, dejarles a los hombres la dirección de la orquesta, mantenerse amables y sonrientes, no ser unas "aguafiestas" y sobre todo no hablar de temas engorrosos como su cuerpo, su deseo, su vida. A las mujeres se las encierra en la crítica de género, se las compara entre ellas, se las empuja a un corral, ahí donde les lanzan algunos granos de maíz.

No estamos en la época en que Emily Brönte o Jane Austen se escondían para escribir, pero sí en la época en que hay que rendir cuentas.

Yo recuerdo la primer avez que tuve que intervenir en público, éramos varios autores que debían compartir experiencias e intercambiar lecturas en el Centro cultural español de Lima. Recuerdo con nitidez la presentación que hizo un crítico del El comercio; "Había que poner a una mujer", y entonces, estaba yo, de relleno. Sé que me indigné, me llené de frustración (porque además yo sabía que mi trabajo era digno de respeto) pero creo que me callé por desconcierto, por miedo, porque entonces no sabía qué pensar y esa "discriminación" aceptada por todo el mundo, me pareció una "verdad objetiva". Seguro tenía razón el crítico que hablaba, seguro que mi trabajo no era tan bueno como el de mis compañeros, estaban: José Angel Mañas (a quien la crítica prácticamente lo ha castrado, aunque este no es el tema), Martínez de Pisón, entre los invitados. Lo más terrible, es que sentí ternura por mi familia en pleno que estaba más desconcertada que yo.
Desde ahí empieza la batalla para mantenerse firme, no ceder, tratar de hacer su trayectoria sin servilismos, vejaciones, ni concesiones, subir al estrado, hablar alto, no trastabillar. Ver claro.
Tensión constante, crispación constante por mantener la sobriedad y no caer en el auto-sabotaje, la frustración y la cólera desmedida. Al final toda mujer bajo presión termina cayendo en la trampa de parecerse al cliché más común: las mujeres son unas histéricas. No piensan, reaccionan.

mantenerse fiel a sí misma es complicado, hay que tener fortaleza moral y soportar esa soledad de la inmanencia de ser mujer,  no estar autorizada a trascender su sexo. Otra cosa que en principio me dio risa pero luego me crispó, fue oír a un editor español, amigo mío decirme: "bueno, sí se te respeta en los círculos literarios, pero nadie se mete contigo". "Nadie se mete contigo", es nadie asume ese respeto, nadie lo defiende...

todo está en el lenguaje. O decirte: escribes libros para hombres, no para mujeres. Entre líneas: deja de hablar de  temas masculinos y habla de temas "femeninos", esenciales (sic). Como mujer, estaba destinada a mi sexo, no a mi cabeza.Vivir sin conciencia, si memoria, desengranada. Somos seres de desarraigo también, si lo he dicho antes, no percibía esa dimensión escandalosa, solo con el tiempo he empezado a pensar en estas cosas.

En las últimas listas de libros aparasen autoras, y sí, qué alegría, aunque aparecen tímidamente, siempre dentro de lo correcto. Ninguna estridencia, sin mucho ruido, ya saben, la discreción es la mejor de las virtudes entre las mujeres... Un ejemplo reciente, escucho en la radio que 70% de peruano.as no cree que Nadine Heredia esté diciendo la verdad cuando dice que no se presentará a las elecciones, 23% considera que debe dedicarse "a su casa", como para confirmar que las sociedades menos laicas, tienen el rol de la mujer muy bien diseñado: que la mujer no exista como persona, individuo, sino como parte, como muleta, prótesis y subalterna. La mujer es una persona a medias, relativa, puede vivir en función de la pareja, no necesita existir.

Para no alinearse en ese régimen de mujeres silenciadas,  tienes que escribir. Tienes que escribir, tienes que decir lo que estás viendo. Hay un imperativo casi moral. Quien padece se siente más obligado.a a ser moral. Pero, ¿será así?, muchas mujeres terminan amargadas, renegando de lo que son, transmitiendo esa frustración a sus hijas o cobrándoles ser ellas también del "sexo débil" (sic) ¿Se han dado cuenta de que hemos crecido con ese cogito?
Pues hay que cambiar esa epistemología, no creo que podamos seguir leyéndonos con esos mismos instrumentos. Al menos, una gran mayoría dice que no.  No podemos esperar a que "nos descubran", que alguien, casi siempre hombre, nos autorice a pensar, a escribir, a simplemente...existir...

Pensaba en lo que está sucediendo ahora mismo en Francia, la popularidad de Francois Hollande (que estaba por los suelos) ha subido tres puntos desde que una revista people reveló que tenía "una amante". Así él responde a una larga tradición monárquica de los "amores galantes", la amante es la "favorita del rey" (al rey siempre le llueven mujeres), y ahora él es un hombre de verdad, duro, inclemente,  creando una división entre ambas mujeres que, sin querer, encajan fácilmente en los estereotipos más trillados y compiten entre ellas: la buena y la mala, la glamorosa (una es actriz), y la opaca, la intrusa y la legítima, ambas detrás de un hombre que ahora sí, corresponde al rol machista que la sociedad acepta y engríe.

pasemos.


miércoles, 8 de enero de 2014

El regreso el pasado, de cómo perdemos derechos...

los hábitos y la costumbre
En el aniversario de Simone de Beauvoir,

El eterno femenino, es homólogo del "alma negra" y del "carácter judío", Simone de Beauvoir, El segundo sexo.
Una vida, nada más importante que una vida, pero una vida como mujer, desde un cuerpo de mujer. Devenir una mujer, convertirse en una mujer, decía Simone de Beauvoir... quería decir asumir el rol que nos han asignado dentro de nuestra sociedad, ponernos ese rostro tan distinto al que quisiéramos tener.
Ponerse la máscara.
Puedo retroceder fácilmente a mi infancia y pensar en esos días en los que la situación de mi madre, divorciada, a cargo de cuatro hijos, me inspiraba una gran angustia, miedo, puedo reconocer el estrés que me inspiraba su condición, el pensar en cómo ayudarla, qué hacer para que pudiese seguir estando en la vida, para que las mujeres no se burlasen de ella, los hombres le faltasen el respeto, su aislamiento no fuese más radical. Había cólera, reconozco, mucha frustración de no saber qué hacer, no encontrar afinidades para pensar, solidaridades...
Este año, he pensado, ha sido el año de la confirmación de los poderes más abusivos, el de las economías hegemónicas, que arrinconan cada vez más a los más pobres, el de los hombres, que dejan a las mujeres cada vez más rezagadas, condenadas a la muerte civil. La vida de un feto en formación es más importante que la vida de una mujer en plena conciencia.
La mujer no es dueña de su cuerpo, le pertenece a la sociedad y  a sus legisladores, que son hombres.
La soledad de las mujeres duele, primero porque no es "natural", aunque la costumbre de ser ciudadanas a medias las haga pensar lo contrario. Las mujeres se acostumbran a ser siempre las sirvientas de los hijos, de los nietos, de la familia en pleno. No hablan alto, y si lo hacen pasan por agresivas. Cuando Jules Michelet, escribe su Historia de las mujeres en la revolución francesa, prescribe una situación idéntica  a la que vivimos ahora: las mujeres que están solas no se insertan fácilmente a la sociedad, si son abandonadas por un hombre, todo el mundo las mira con desconfianza, si son madres solteras, son candidatas a una vida oscura o a la depresión. Los hombres activan fácilmente sus vidas, encuentran siempre con más facilidad un lugar en la sociedad. Nadie los mira con desconfianza, es casi imposible. En la literatura, basta leer a Madame de Stäel, una de las pioneras del romanticismo francés, para darse cuenta de que esta situación es, sigue siendo, una injusticia legitimada, simbolizada en todas las formas y asumida como parte del "sentido común" en muchas personas. Según Stäel, las mujeres son parias (palabra que ella toma de los parias de la India), de ahí que una de sus lectoras más voraces, Flora Tristán, lo tomase como título en Las peregrinaciones de una paria.
Veo a mi madre, veo a mis hermanas, a todas mis hermanas, puedo contar cada una de sus historias, todas son mujeres inteligentes, brillantes incluso, pero nunca han encontrado nadie que las mire, nadie que las reconozca sino ha sido en estereoptipos y modelos que solo las desfiguran, jamás un rostro, jamás una persona entera, solo miradas paralizantes, espejos turbios.

Pensaba: ¿no son mujeres dañadas, no somo mujeres dañadas, sin historia, condenadas a imitar modelos impuestos, y cuándo, cuándo diablos, podremos ser vistas como personas enteras?

Toda opresión es insoportable. Que existan "Ministerios de la mujer", es un síntoma de que esta situación se ha institucionalizado, que existe en la sociedad como un problema de la institución, en manos de ella que decidirá qué hacer con el destino de la "clase mayoritaria", las mujeres. Me recuerda a la frase de Flora Tristán, "la clase mayoritaria de la sociedad, la clase obrera" (esto está en su librito La unión obrera). Porque las mujeres siguen, sobre todo en nuestros países, trabajando con sus manos, cogen escobas, aspiradoras, alimentan niños y niñas, los cuidan, incluso cuidan al acompañante (si lo es) y al marido; no miento si en estos útimos días que he observado un poco a los viajantes, he visto a muchas mujeres mirando embelesadas algún monigote pedante que las ignoraba. Esa displicencia...."

displicencia de las frases tipo: Oiga, señora.... las miradas, y las mujeres mudas, resignadas al maltrato del lenguaje, de la mirada. Creo que si no fuésemos seres de costumbre, no aceptaríamos esta situación. No hay nada más alienante que el trabajo doméstico, que el trabajo de criar hijos, la mujer en la casa y en la familia está completamente alienada, no ve su vida como una vida, sino a manera de la prótesis de la familia. Si no trabaja como profesional y a cambio de un sueldo (el único trabajo gratis es el doméstico), su vida es más sonámbula, más oscura. Virginia Woolf se quejaba de esa parálisis, la somatizó hasta la locura, en medio del anuncio de la guerra que se aproximaba. Con Leonard, su perro guardián, había editado los primeros libros de Sigmund Freud, presentían que esa época estaba revuelta, que muchas cosas quedarían en el pasado.
Creo que vivimos en estado de guerra, hay una guerra no declarada, entre los ricos y los pobres, entre los hombres y las mujeres.
Vivimos una nueva Restauración.
Unos y otras claman justicia para aquellas mujeres que se atreven a abortar, otros, "los machos que se respetan" (sic), o los no sé "cuántos cretinos" (cuando se votó la penalización del cliente en la protistución en Francia) pedían que no se votase por esa ley porque no era posible que las mujers no decidiesen "vender su cuerpo", libertarios, dixit, pero cuando se trata del aborto, las mujeres no son dueñas de su cuerpo: !llevan el fruto de sus espermatozoides!!
De nuevo esa palabra, la restauración, la vuelta al pasado, el miedo al futuro, la parálisis. Ninguna mujer está desocupada si pasa las escoba todos los días, carga bebés y vive esta  situación como "natural". Es la existencia convertida en sobrevivencia, en dócil sobrevivencia anestesiada. 
Este año, tendría que ser crucial, escuchaba una frase en la radio: "soplan buenos vientos, avancen". Cierto, corren buenos vientos en ciertos países, falta que lleguen a otras costas y que se desaten las amarras.

Patricia de Souza,
blog: Venusproscrita.blogspot.com


domingo, 29 de diciembre de 2013

Las mujeres en este año...

Este será un año marcado de retrocesos importantes en el plano de los derechos civiles y políticos que poseemos las mujeres. Los movimientos anti abolicionistas sobre el tema de la prostitución, han creado una polémica que lleva cola porque ha dejado al descubierto que las mujeres son el sector más vulnerable frente a esta "gran crisis" de etiqueta neoliberal. Pero también está la nueva ley del aborto en España, que lo  suprime como derecho restringiendo el aborto legal a casos de "violación de la mujer y gran riesgo de salud "física o psíquica", lo que significa un retroceso radical para las mujeres en Europa, y en el mundo, porque, aquí, en Venezuela, en España o en Ecuador (ver post Ecuador en la mira), este es un acto simbólico, es una forma de amedrentar y hacernos invisibles como seres civiles. ¿Que otra cosa significa este gesto? Que la Iglesia Católica ha recuperado el poder político que había perdido en los últimos años, o en todo caso el prestigio, la posibilidad de pasar como consejera y de servir de patrón moral. El papa Francisco muy al estilo "súper star" es el "baño de seda" que se ha hecho la Iglesia para volver a intervenir en la política mundial, sobre todo en los países donde ha ejercido más poder. No por nada en los países protestantes las mujeres son más libres, y no es gratuito que sea en los países en los cuales la religión católica domina, donde los retrocesos y la parálisis social de la mujer es más notable: Francia ("la hija mayor de la Iglesia"), España, Ecuador, Perú, México, Colombia, veremos que pasa con Venezuela donde no se habla del tema del aborto. ¿Serán los revolucionarios capaces de darle la espalda a esta iglesia machista? Gran pregunta.

Este también ha sido el año de muchas publicaciones por parte de las mujeres, novelistas, premios nobeles, Alice Munro quien fue descrita como "la Chéjov canadiense", comparación ingrata porque evidencia que seguimos en un mundo donde la dominación masculina es más importante que nunca, y lo es porque las leyes del mercado solo consolidan los poderes de los fuertes, no los de las más débiles, que están siendo culpabilizadas (el aborto la punta de la espada), enajenadas por la escatología religiosa, que si bien en países de mayoría laica como Francia, había dejado de parecer una fuerza evidente, permanece en la memoria colectiva como estructura, como referencia, de ahí que se despierte con nuevos bríos.
En el plano cultural muchas mujeres, y poca visibilidad. En las listas de fin de año aparecen algunas, pero no en paridad, son una por diez hombres. No sorprende, pero más que eso, creo que si comprendemos qué sucede, podemos sentir menos frustración, crear nuevos espacios donde la palabra sea oída,  tenga sentido y se legitime. Una de las formas más sencillas de neutralizar un discurso crítico es no prestarle atención, hacer como si no existiera. En el mundo cultural (iba a decir vegetal y animal!) sobreviven  lo.as que manejan mejor un cierto criterio de imagen, la alimentan, la hacen visible y se doblegan con docilidad a las exigencias del mercado. Detrás de eso, hay toda una producción, una maquinaria que envía los productos con los mismos criterios que la economía de mercado. En realidad, la literatura, el cine, las artes plásticas, son un mercado y la economía neoliberal y sus gladiadores quieren echarle mano. Es además, una economía en crecimiento porque hay más posibilidades de crear consumidores. Últimamente algunas editoriales españolas hacen lanzamientos primero en los países de origen de los autores, esto porque saben que hay un mercado en ciernes y que el suyo está en crisis. España tiene por otro lado, con crisis y todo, una política cultural. Tienen el Instituto de cooperación que financia un número importante de proyectos culturales, pero también una industria editorial fuerte que se consolidó los años de la llamada  "primavera española",. Y sobre, todo tienen un mercado en América Latina. Nosotros, con un crecimiento de 6- 8 por ciento anual, no tenemos política cultural, porque, ¿qué ha hecho el Ministerio de cultura hasta ahora, qué? La cultura está en manos de la iniciativa privada que tiene una visión folclórica, coloreada de su propio país. De ahí salen algunos productos más o menos eficaces.


Lecturas y hallazgos

La reelectura del Segundo sexo, de Simone de Beauvoir me ha hecho comprender mejor ciertas  cosas. Ya lo había leído, pero no con la misma avidez que hoy en día, ni con tanta información. Comprendo muchas cosas que antes me parecían un poco abstractas, como bajo un velo, síntomas,   de exclusión, de desarraigo, que ya había intuido en otros textos sobre psicoanálisis,  pero nunca antes se me ha hecho más evidente esta frase de que "no somos mujeres si no que nos convertimos en mujeres", es decir, en excluidas, en prótesis, en silencios, en neurosis. Es importante entenderlo para atreverse a decir cosas, actuar, no dejar que te coloquen en el lugar de la víctima. No. Hay que afinar las intuiciones, darles forma. Todo lo dicho, me lleva a comprender que la ferocidad de los tiempos se traduce en una guerra entre géneros y no géneros, que todo el mundo quiere existir, pero nadie deja existir. Es el laberinto del Facebook, del Twitter, de los "selfies", el gesto de tomarse la foto uno.a mismo.a, inmortalizado por Obama en el homenaje a Mandela. Sin embargo, ha sido el año en el que discursos de viejos sabios como el Presidente de Uruguay, Pepe Mujica ha tenido eco, Venezuela mirada con menos escepticismo y sin  la imagen maniquea empeñados en deformarla sin darles el derecho a la palabra. Después de haber estado en Venezuela, también yo he cambiado de manera de pensar, he relativizado muchas cosas, la obsesión de la imagen, la vergüenza de género, la vergüenza de la historia (tan ligada a la historia de mi Perú), de origen, de piel, etc… Me he mirado de otra manera, y he terminado por convencerme que los avances son sobre todo para nosotras mismas, que los conceptos de" fama y de éxito social", son parte de la lógica de adaptación y de abdicación personales. Nunca antes el mundo ha sido más pequeño y más fácil de contemplar, con sus pequeñeces, con sus lados heroicos.Solo podemos hacernos cargo de nosotras y actuar para que las las mujeres que nos siguen sean más libres, menos prisioneras de su destino. Escribir, gozar con ese gesto que puede llegar a ser realmente libre en el instante en que se revela como absoluto, completo.

La libertad es también la armonía entre el pensamiento y la acción, es cuando podemos actuar libremente, en función de un pensamiento libre, que nos sentimos más libres. No es idea mía, es idea de Simone Weil, suscribo.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Por una educación democrática

           
No es que el reciente informe de Pisa, que coloca al Perú en el último lugar de comprensión de lectura, matemática y ciencia, sea infalible, ningún informe lo es, pero no es necesario que exista ese informe para saber que la desigualdad en la educación de nuestro país es cada vez más concreta y más arbitraria. Lo importante es que esta noticia nos invite a una reflexión de largo alcance, no tan solo a una enmienda, a un cuestionamiento de todo el aparato educativo. A estas alturas, tal vez se imponga una voluntad política de cambio. Se acaba de reemplazar la ANR  (Asociación nacional de rectores) por la SUNEU (Superintendencia nacional de educación univeristaria), que está conformada por autoridades académicas y representantes del sector empresarial, se adivina que para "encaminar" sutilmente a los estudiantes hacia las carreras "más rentables". ¿Y qué tiene que ver el Estado en todo esto? Hay muchas razones para exigir que un gobierno garantice una educación gratuita y de calidad, que la economía no someta al conjunto de la sociedad a las reglas depredadoras de la especulación y la ganancia, que las instituciones mantengan un diálogo con las necesidades de la mayoría. Hay demasiadas razones para que un país, con el la importancia histórica que posee el Perú, pueda exigir que su gobierno asuma un rol activo en la recuperación de la calidad de la enseñanza y convoque a un debate nacional sobre nuevos valores educativos. Se puede, y se debe reivindicar, el derecho de todo ciudadano y ciudadana a una educación gratuita y de calidad. Es terrible seguir aceptando pasivamente que los jóvenes de nuestro país sigan siendo la víctimas de la ambición desmedida de la economía liberal dominante, que la educación sea un negocio y no un pacto social con la población, que sea otra forma más de la reproducción de las desigualdades enquistadas en la estructura social, resultado de la creencia de que existe "una selección natural": aquel o aquella que es más audaz, y más inteligente para adaptarse a las reglas de la oferta y la demanda, tendrá más posibilidades de salir adelante. Sabemos, si observamos a nuestro país dentro de una comunidad de países , que se trata de una especie de propaganda engañosa que convierte a la educación en otro producto más del mercado. Solo sirve para mantaner expectactivas que luego serán insatisfechas aumentando el número de generaciones desorientadas destinadas a la exclusión y a la precariedad. El colegio, la universidad, no pueden seguir reproduciendo una "sociedad de excluidos", existe la obligación moral de hacer de la educación una herramienta de emancipación y no de dominación, crear ciudadanía y no seres pasivos en función de ambiciones empresariales  a las que  se entrega sin remordimiento el futuro de nuestra población más joven.
La meritocracia no debería ser la regla entre los jóvenes (en una sociedad de desiguales es la discriminación asegurada),  estimula la competencia y  alimenta la desigualdad a costa de aquellos y aquellas que provienen de sectores más marginados, con familias desarticuladas, fruto de la violencia de la economía neo-liberal.  Por otra parte, el problema de la lectura es un problema grave al significar que si no leemos, no podemos comprender en mundo en el cual vivimos. No solo se trata de promover una educación más diversa, que comparta valores comunes de igualdad entre semejantes, sino una educación que recupere también el valor de nuestras culturas ancestrales, una sabiduría que está en capacidad de alimentar la noción de civilización, que no es otra cosa que la vida compartida entre todos y todas en igualdad plena y no figurada ni simbólica. Tenemos y podemos salir de ese mito de que la ganancia genera equilibrio social, moral, bienestar. En el mundo entero la crisis es de valores y paradigmas de lo que significa "civilización", y por eso, las instituciones no pueden fijarse en el tiempo, están obligadas a seguir los cambios de su época. En ese sentido la educación en nuestro país es una reproducción de estado de cosas actual, de sus crueles divisiones sociales, de sus exclusiones y olvidos históricos. Se están formando castas con un criterio que no es humano, sino más próximo del reino animal: el más fuerte se impone.
Para una reforma profunda es necesario, además de valorar nuestra propia historia, tal vez escribirla de "otra manera", encontrar ángulos menos estereotipados que los de la "Marca Perú" que impone la lógica del consumo. Una vez que el objeto es la caricatura de sí mismo, pierde sentido y valor humano (se hace abstracto), se le desecha. Es la realidad folklórica animada por una mirada que viene de fuera no del interior, viene del mercado, del "cómo nos ven", y no "cómo nos vemos". Si la educación no transforma es porque no cree en la igualdad de sus ciudadanos y mantiene vivos los mitos de las diferencias esenciales por tipo de piel, origen y género. Se puede empezar por una democratización verdadera, por cambiar nuestros métodos para interpretar nuestra historia y nuestras fuentes. Ir al centro de las cosas.  Para una democratización de la enseñanza podemos aplicar el principio de igualdad, que debería estar garantizado con el libre acceso a la enseñanza, pero "libre" significa que la mejor educación sea gratuita y no pagada. Es necesario emtonces que nuestras instituciones y nuestro gobierno estén dispuestos a ser mediadores,  facilitadores de esta transformación urgente. La economía no puede ni debe seguir dominando a nuestra sociedad, ella no puede gobernar ante nuestra impasibilidad, que baja los brazos ante la amenaza de que, si se reclama igualdad surge "la horrible amenaza comunista", que si levantas la voz, es un atentado a la democracia y a la libre empresa (sic).  Una de las armas más eficaces para combatir la desigualdad es la educación, lo sabemos todos, y todas, y por eso es la preocupación menor en los sectores denominados como emergentes; la economía el primero de todos.
La educación que tenemos sigue pensándose como un privilegio (una ascensión social en lugar de una inclusión) no como un derecho. Hace tiempo que esto pudo llevarnos a una verdadera revolución de ideas sobre su significado, a no repetir los mismos clichés, a atrevernos a pensar y confiar en que la educación es un arma de independencia  y no de alienación. Las instituciones educativas  son también el lugar donde el conocimiento es interpretado bajo los valores del mercado, como arma de poder y no de libre acceso al conocimiento y las ideas, es otra forma de sometimiento y de humillación, el que sabe más sobre el que sabe (supuestamente) menos. Los profesores y profesoras son infantilizados, se les trata como "incapaces" y se les somete al escarnio y a la verguenza pública con métodos de evaluación que no son dignos de una democracia. No hay ciudadanos ni ciudadanas porque la educación no forma personas, salvo individuos que se inscriben únicamente en la colectividad de las redes sociales y la de los dispositivos electrónicos, computadoras, Ipods, etc... Y todos los signos de distinción y privilegio que la universidad reproduce al no considerarse ella misma como un servicio a la comunidad sino como una renta, un alquiler de saberes  a un precio muy alto. Si es que ignoramos una noción  básica de igualdad y de respeto por el ciudadano o ciudadana que vive en el lugar más apartado de nuestro país, por su cultura, por su idioma, no podemos seguir considerándonos un país, reunidos en un proyecto común, con pactos claros, si no una especie de feria donde todo se seguirá vendiendo al mejor postor, incluyendo el futuro de las nuevas generaciones. De hecho, todos y todas estamos en capacidad de pensar esta situación y movilizarnos desde la casa, desde nuestro trabajo, a través de cada persona que nos escucha, para hacer oír esta petición de la urgencia de un debate nacional sobre nuestra educación. Es un derecho fundamental.