lunes, 1 de octubre de 2018

no, no es el tono

no, ese tono no es el mío, estaba hablando como feminista, como militante, no como escritora, como la persona que soy.
he andado tanto hasta aquñi, que no puedo dar marcha atrás...

quiero decir, para encontrame conmigo misma, no huiré... hay que hacer frente a los hechos que nos duelen en la vida.
simbólicamente, duele.

volveré.

La histeroctomía

Hace 10 días que pasé una histeroctomía total por el abdomen. Antes de decidirme a hacerla hice varias consultas, todos los y las ginecólogas me anunciaron que era "inevitable", las pérdidas de sangre, a anemia, la talla del fibroma, la menopausia.
Decidí operarme con un cirijano recomendado de esta región.
debo reconocer que estaba en estado de pánico, operarme en un lugar que no conozco, con gente desconocida que realizará un gesto quirúgico, me llenaba de pánico, pero vovo aquí, en Francia, no tengo cobertuda médica en otro lugar.
Llegado el día, mi miedo iba in crescendo. Solo voy a hablar de la operación y el posoperaroio, luego dedicaré un espacioal sistema medical francés y lo que me suscita su forma de tratar a las pacientes y el empleo de la medicina.
la víspera de la operación me tomé varios xanax, pero el miedo era tenaz, quizás si hubiese estado en un medio más familiar, hablando en mi idioma materno, hubiese estado menos ansiosa.
el problema es la continuidad de esas escenas.
no había
es el problema de estos países donde cualquier rito, preparación para la vida, han desaparecido.
regresaré sobre esto.
pasado el momento en que la anestesista me murmura cosas al oído con cierta ternura,  no rescuerdo más que la sala de recuperación, un ajetreo, gente quejándose.
la sensación de que me han pateado el estómago
quién?
el cirujano, la vida, por qué lo interpreto así?
pienso, si analizo, que quizás sea haber terminando un libro sobre el fin del patriarcado y que sea un hombre que opere e imponga su autoridad,
es como si me hubiesen dicho, regresa a tu rebaño, oveja perdida.
y la patada.
simplemente yo asocio esta operación, pesada, dolorosa, densa, con una especie de castigo.
y es de ahí de dónde debo extraerla...
a todas las mujeres que estén a punto de hacerse una histeroctomía, tengan cuidado, cuídense, confíen en el cuerpo médico, pero pidan explicaciones, y, si pueden evitarla, mejor.
hay varios tipos de histeroctomía, la abdominal es la más pesada, la más lenta en recuperación.
no se asusten, no están solas.
somos muchas mujeres que pasamos por esto.
y aquí estamos todas.
sigo mañana

viernes, 17 de agosto de 2018

La matriz

Entender el uso y el sentido de las palabras, cada una es punto en cl uerpo, un eje, una herida. Pasa asi con muchas mujeres, por ejemplo, la palabra "matriz", esa "ma" de madre, de mayor, de madurez, no saber por qué la m y a la juntas producen tanto efecto. También es útero, esa palabra, cóncava, con la "u" idéntica nuestro útero. Y luego está tofda esa gine lenguaje que nos identifica y nos relaciona con la maternidad y todas las culpas, síntoma sy reacciones que esto puede crean en cualquier mujer.
hace poco fui a ver a una ginecóloga en Francia, como tengo un fibroma y me dolía, me molestaba mucho. Una robot, como suelen ser los médicos aquí, me oscultó, me hizo doler y luego dijo : "belle bete", literalembte, "bell monstruo", atribuyéndole carácter humano al mioma. Muchos médicos dicen: si no tuvo hijos, tendrá miomas.
curiosas conincidencias que necesito escribirlas y decirlas para que otras mujeres comprendan y paren la oreja. Termino ahora mismo un ensayo sobre el ecofeminismo y el final del patriarcado. Lo he escrito rápido, concientemente, y sin culpa, pero el cuerpo habla otro idioma. No hay tribu que no persiga. Volví a otro ginecólogo, que me ha indicado una histeroctomía, es decir, la ablación del útero, y dijo también en francés, Il s asseche, literalmente, se está secando....
o sea, el órgano más importante en la mujer, que es el símbolo de la fertilidad y la feminidad en las sociedades patriarcales, se seca! sic. No hay secreto, esto tiene que ver con una sociedad casi policíaca que termina por ejercer tal presión psicológica en la mujer, que termina produciendo estos síntomas. No es que yo sea tan vulnerable, es que creo que además de una cosa biológica natural, el cuerpo se transforma, cambia., hay una parte simbólica que recorre el cuerpo.
Antes de abandonar Lima, la úlitma vez que estuve, recibí muchos mensajes agresivos a un post que había ecsrito en mi blog Palincestos, donde había dicho que me iba con el vientre anudado por la frustración y la impotencia de ver a tanta gente mal, lo que hirió la sensibilidad de los capitalistas triunfantes que vieron en mi crítica un anuncio de fracaso. De ahí empecé con los malestares, no es que crea en poderes sobrenaturales, no, es que creo que hirió mi sensibilidad porque esos sentimientos de cólera, de envidia, o de desapego, son violentos.
no he tenido tiempo de organizarlos en mi interior, no he escrito sobre ellos, recién lo estoy haciendo. Y creo que e simportante.
es un momento clave, de abandono de cierto tiempo en la vida, de paso a una adultez. Si debo hacerme esa histeroctomía o no, ya ser verá. Yo creo que sí porque el mioma, le petot monstre, fait chier...  cosas de los órganos que están vivos y nos hablan...

asumir el cuerpo como algo natural, como un todo sensible

regresaré...

jueves, 8 de marzo de 2018

Por un feminismo decolonial

Descolonicemos el feminismo


Nunca antes hemos oído hablar tanto de feminismo. Estos tiempos son a la mujer como el siglo XIX a los grandes descubrimientos que revolucionaron nuestra vida cotidiana, la electricidad, la locomotora, la fotografía y el surgimiento de la industria, antes de entrar al siglo XX y descubrir, con Sigmund Freud, que las mujeres poseíamos un cuerpo, uno que desde el inicio de la historia va a ser considerado como el principal problema de nuestra existencia: ¿se nace mujer o se llega a serlo?
La gran pregunta que confunde a muchas mujeres (y hombres) es si el sexo es también el género, si el hecho de poseer un órgano sexual determinado hace que estas dos personas sean destinadas a una historia humana diferente.
Empecemos por ahí y digamos que la historia de las mujeres sería entonces: sometimiento, maltrato, invisibilidad, pobreza, marginalidad, en suma, un conjunto de vejaciones contra aquellas que llevan el nombre de “mujer”, palabra que remite a la persona de sexo femenino. Y es esta última palabra la que plantea una serie de complicaciones a todas las mujeres del planeta, si la “feminidad” es algo que adquirimos a través de la educación, de la cultura, de la vida en sociedad, o si esencialmente estamos marcadas por nuestro sexo de origen y poseemos calidades humanas distintas de las de los hombres: somos más sensibles, más organizadas, más sacrificadas, más solidarias, etc…
La antropología estructural nos invitó a pensar que hay estructuras universales similares a las del lenguaje en todas las culturas. Es decir, tendemos a clasificar y a ordenar de forma binaria, bueno malo, arriba abajo, etc. ¿Qué sucedería si hubiese “un o una” tercer.a ecxcluido.a ese trans- atravesado.a en nuestro camino, alguien que no se identifique con ninguno de los dos géneros o sexos?
Grave problema, el miedo es que terminemos hibridizando el género a tal punto que nadie se reconocerá en ninguno, que la feminidad se vaya al basurero, que los hombres sean como las mujeres y las mujeres hombres, en realidad el miedo es a una confusión general. Nosotro.as que tenemos una historia milenaria pero que parece que hubiésemos empezado a existir solo en el siglo XX, ¿de veras creemos que lo.as antiguo.as habitantes del Perú pensaban igual, y cuándo empezó entonces esta clasificación que parece enloquecer a mucha gente? Seguramente muchos y muchas dirán, con la llegada de los españoles, ¿correcto?, con la llegada de la religión católica. Y quizás ahí estemos avanzando un poco más, al hacernos la pregunta de si lo que creemos que es una verdad inamovible pueda ser relativa o analizada en su contexto. Bingo. Estas clasificaciones son parte de la dominación ancestral de las mujeres, no solo estamos dominadas por una sociedad patriarcal, binaria, discrimanadora  con lo que somos y representamos, sino que estamos doblemente dominadas al adquirir conceptos e ideas en cuya elaboración no hemos participado, o sea,  que han sido impuestas.

Las mujeres en América latina hemos sido inmediatamente clasificadas como inferiores, racializadas como la parte negativa de la versión positiva de una mujer ideal: la europea blanca. Esto está en el imaginario de cualquier habitante del Perú, que sea del ande, de la costa o de la selva. De ahí que la “belleza” sea un valor que solo se atribuye a las mujeres de rasgos occidentales, o que liman sus rasgos más mestizos, ya sea con el maquillaje o con la vestimenta (Ver Piel negra, máscaras blancas, Frantz Fanon). La actriz Magaly Solier es un ejemplo de discriminación, la llaman “huanaco” (en masculino) porque no se considera que una mujer mestiza, aunque hermosa, pueda alimentar la libido de una mayoría de hombres colonizados por el patrón extranjero de belleza.
Sin embargo nuestra colonización no es solo a nivel de patrones de belleza, de cuerpos de mujeres catalogados como atractivos o “desechables”, está en nuestro lenguaje que se ha mimetizado con la economía y que produce solo cifras abstractas que ignoran a las personas que se encuentran detrás de esas cifras. En una sociedad neoliberal como la nuestra la “monetarización” de la parte humana termina produciendo la brutal explotación del congénero o del otro opuesto, termina legitimando cualquier expropiación, de paso, las mujeres en el Perú hemos sido expropiadas de nuestros cuerpos sometidos a una legislación controladora y castigadora. La iglesia manda. No es una sociedad laica y mucho menos igualitaria ni una que aspira a serlo, la sociedad entera observa perpleja las rudezas de ese paisaje sin atreverse a transformarlo. ¿Por qué se preguntarán muchas personas? Porque la mayoría recibe una educación de unas elites patriarcales, arcaicas, y bastante colonizadas. Hay un corte eléctrico cada vez que alguien quiere referirse a un pasado indígena, porque esto significa identificarse con la historia de lo.as perdedores y lo.as dominado.as que es la historia de nuestro país, la historia de una dominación, de un fracaso épico. ¿Cuándo dejaremos de ver la historia de esa forma? No lo sé,  hay que reescribir la historia y atreverse a usar el lenguaje de manera distinta de la que nos han enseñado.
Las mujeres, mal pagadas, discriminadas y maltratadas por un idioma plagado de prejuicios hacia ellas, inferiorizadas y brutalizadas por ese mismo idioma, deben aprender a hablar solas y en voz alta, a pensar con otras palabras, a ser, como diría Foucault, al hacer una crítica importante a los dispositivos de poder, instauradoras de discurso, he ahí lo que le toca esta lucha feminista en estos tiempos.

¿qué tipo de feminismo queremos?

Difícil lograr consenso entre mujeres con historias tan distintas, y en situaciones sociales diferentes. La primera muestra de que existe un feminismo de clase es la reciente tribuna publicada en un diario francés donde un grupo de mujeres de clase acomodada reivindicaba su derecho a ser “acosada”, por resumirlo en términos generales. Otro ejemplo es la negación de varios colectivos de mujeres a asumir la huelga general del 8 de marzo en diferentes partes del mundo, por considerarlo como “capital de un feminismo blanco y hegemónico”. Las primeras mujeres no veían un problema en el acoso, y, desde una perspectiva de clase, la economía y el estatus social que las protegía, reclamaban su derecho a ser también consideradas como parte del grupo femenino. Las segundas, no se sienten incluidas por formar parte de la población más vulnerable, la más borrosa, la más silenciada. Ellas no paran porque si lo hacen pierden el trabajo, simplemente. Existe el feminismo “interseccional” que atrae a las mujeres discriminadas por su color de piel y su situación social (negras, indígenas, trans) haciéndonos ver que no es lo mismo ser una feminista blanca, que una feminista negra y pobre. O chola y pobre. Ya vimos que ni siquiera la fama o la fortuna logra convertir a las mujeres inferiorizadas por su color de piel en una mujer “deseable” por el mundo colonizado por las series de televisión y el mainstream mediático. Estas mujeres tienen otra lucha concreta que librar, instalada desde que se produjo la distribución del trabajo por etnia y género, desde hace mucho tiempo. Pensemos en las empleadas domésticas en el Perú, ¿hay elección y cómo podemos ver a tantas mujeres supuestamente “feministas” explotando sin remordimientos a mujeres que bajan de la sierra en busca de un poco de pan? La pregunta entonces es si podemos aspirar a condiciones de reconocimiento iguales en el mundo entero, ¿el feminismo puede ser un movimiento universal? Yo creo que en su definición, de “qué es el feminismo”, puede llegar a pactos universales, sea donde sea será una lucha contra los poderes que traten de neutralizarlo con patrañas, calumnias o difamaciones, pero no podemos pensar que todas las mujeres estén en condiciones de pelear y luchar por sus derechos, muchas no pueden ni siquiera detenerse en el ajetreado vaivén de su vida cotidiana, o sea, naveguemos, surfeemos entre varios feminismos comprendiendo que lo importante es que se produzca esa transformación cultural a nivel de representación sobre lo que somos. Tenemos que pensar que, incluso cuando Simone de Beauvoir escribió su ensayo El segundo sexo, no se había tomado en cuenta (cosa que reconoció después), que no bastaba con la lucha de clases, implicarse en ella, que habrá que librar una lucha paralela, anticapitalista, contra la deformación de lo que somos como personas: la instrumentalización y el valor de los cuerpos. Hay que construir, deconstruir, remontar, luchar, en suma, renombrar (Flora Tristán dixit) este mundo que nos ha desfigurado hasta perdernos en el camino, nos toca encontrar el camino de regreso.
La herramienta más poderosa de inclusión es el lenguaje, ahí cada mujer podrá dejar la piedra que inscriba su historia, su rostro y su nombre en la a-historización impuesta, pericia técnica para neutralizar y dividir una lucha que no puede ser postergada, ni recuperada para ser convertida en un remedo, una propaganda, o un ascensor para la visibilidad. Es una revolución cultural, espistemológica  (otras formas de conocernos) y espiritual, porque ¿cómo hemos hecho para llegar hasta aquí cargando tanta brutalidad, cómo hemos construido relatos, historias, textos, testimonios? No podemos fijarnos el concepto de la diferencia y la arcadia comunitaria, por esa razón creo que, desde una perspectiva distinta de las mujeres europeas o norteamericanas, el feminismo que puede incluir a todas esas mujeres aun no inscritas en la lucha es el feminismo decolonial.


Léxico:

Feminismo  esencialista o diferencialista

Las esencialistas proclaman  el derecho a la diferencia entre los sexos. Ellas valorizan de esta manera una “naturaleza femenina” y especificidades propias a las mujeres que son definidas como la antítesis de las de los hombres.

Figuras de referencia: Antoinnette Fouquet, Julia Kriteva.

Feminismo universalista

Para las universalistas la diferencia biológica no explica las diferencias de comportamiento. Ellas rechazan la existencia de una “esencia femenina” y rechazan los estereotipos de género, de identidad femenina que son, según su punto de vista una construcción cultural que deriva de políticas sociales.

Figura clave: Simone de Beauvoir

Feminismo Queer

Para luchar contra la dominación masculina, este feminismo instaura una  crítica a la heterosexualidad cómo régimen de poder y disciplinamiento, ubica a los cuerpos como receptores discursivos que adquieren el género a través de la repetición práctica y constante de unas caracterísitcas concretas. La sexualidad y el cuerpo son considerado un instrumento de poder.

Figura clave: Judith Butler.

Feminismo interseccional

En esta corriente el problema de la igualdad trasciende el problema de los sexos y apunta a integrar una reflexión  más inclusiva que pasa por una convergencia des luchas contra todas las discriminaciones y presiones de sexo, raza, y género. A esto hay que añadir el feminismo islámico que integra también la religión del islam como instrumento de cambio.

Figura tutelar: Kimberlé Crenshaw

Feminismo decolonial

Este feminismo intenta analizar los instrumentos con los cuales las mujeres nos representamos a nosotras mismas, las dominaciones simbólicas, los servilismos, y la colonización de las mujeres a través de los relatos y narraciones tanto en ficción como en la historia. El cuerpo imaginado de las mujeres no occidentales y no blancas. Este feminismo piensa que además de luchar contra los determinismos del género y la repartición binaria del idioma, se debe aportar nuevos conceptos de sexo y de género.


Figura de referencia: Frantz Fanon.

miércoles, 4 de octubre de 2017

otro tema candente: Las mujeres ausentes de la literatura

Cuando Simone de Beavoir escribió en el Segundo sexo que las mujeres estábamos ausentes de la Historia, era la primera vez que se escuchaba algo así después de que Marx y Engels dijesen que habíamos perdido en la historia al no haber existido matriarcado, o algo así. No sé si la cita es exacta, pero iba en ese sentido. O Flora Tristán que comprende muy rápido que lo importante es "nombrar". Representación. Imaginación, significación entonces. Hasta finales del siglo XIX, las mujeres que han luchado por los derechos de todas nosotras, desde la más anónima hasta la más conocida, no han sido escuchadas sino ha sido a media voz. Angela Davis dio inicio a un feminismo distinto al señalar la situación histórica de las mujeres doblemente marginadas (socialmente y racialmente) , ahora mismo, las mujeres que defienden un feminismo islámico, aunque suene a oximorón, reivinidacn una apropiación de las corrientes espirituales del islam para poder secularizar la religión y ser dueñas de un capital simbólico. Mientras tanto, en América latina, nuestras reivindicaciones son más sociales, tienen que ver con la subsistencia, y poco nos importa la representación (la imagen y modelo) que tenenos de nosotras mismas y dejamos ese trabajo a los hombres. Al final de cuentas son ellos los que siempre "nos han imaginado" en el mundo, han creado personajes femeninos dignos de ese nombre, desde Madame Bovary hasta Anna Karenina, la tradición occidental nos ha dado nombres, prestado rostros (o máscaras), vidas de mujeres, pero la nuestra, que empieza imitando, que no tiene muchas mujeres escribiendo,  solo ha dado algunos personajes, la mayoría de las veces, sin rostro. No podría citar un solo personaje imaginado por una mujer. Ahí empieza el problema.

hablar en lenguaje popular, que no es populismo, ojo con este término, razonar con términos corrientes, del uso de la calle, no es rebajar el debate, es solo encarnarlo. Pero también hay otro aspecto, el lenguaje popular, en estos casos, muchas veces tiende a esquematizar el debate, a ridiculizarlo, o a encasillarlo en un código de expresión que no permite "ir más alla". De alguna forma lo limita, auqnue esa no sea la intención. Podemos apoyarnos en ese lenguaje popular pero debemos ir más allá, escarbar... la risa, la ligereza son indispensables, solo que repetidas, dan la impresión que no podemos tomarnos en serio, nos reímos de nosotras mismas, integramos la mirada de nuestro carcelero, además, las ideas no siempre son emocionales, se enraizan. Y aquí hago una referencia concreta a un debate que circula en este momento en las redes sobre la ausencia de mujeres en un debate en Madrid sobre las "tendencias de la literatura peruana".... sic...
Solo se invitó a una autora (Gabriela Wiener) que ha tenido la osadía de decirlo públicamente, negándose a asistir por ser la "única mujer invitada". Ese es un punto, otro sería, ¿por qué no reflexionamos sobre el hecho de tener que ser amables o buena gente con los hombres que se pasan la posta sin ningún escrúpulo y haciendo como si las mujeres no existieran? ¿Es necesario mantener buenas relaciones con ellos y ha servido de algo buscarlos como aliados? Hasta ahora nada ha cambiado. Nunca ha habido una tribuna sobre el tema, los Marianos, los Santiagos (con o sin botas), los zares y tribunos, jamás han abierto el pico para decir que las cosas están como están, ni allá, ni aquí por cierto. Sociedades patriarcales, de tradición judeo-cristiana y de dominación masculina, blanca, imitadora de blanca, y colonizada...

El lenguaje

Tenemos un grupete de hombres al mando de ese barco a la deriva  que es la literatura, sin aparato crítico, sin historia. Ojo, el lenguaje es lo que nos distingue de los demás seres vivos, es el instrumento con el cual pensamos y nos representamos nuestra realidad, pero, ¿siempre es así y hasta dónde llegamos con él? Cuando hablamos de "reproducción social", intentamos decir que el lenguaje reproduce "formas de representación", muchas veces colonizadas. Es lo que trató de hacer ver el escritor keniato Ngugi Wa Thiong o, en su libro "Descolonizar la mente" al desmantealr la colonización a través de la educación y la literatura, la más importante en transmitir valores "simbólicos".  Para mantener una situación de dominación, la literatura juega un rol importante, sirve para mantener la imaginación prisionera de algunas "formas de representación", entre ellas las que nos conciernen. Pero la literatura no solo nos ofrecen modelos de mujeres, prototipos, o estreotipos que se convierten en moldes, sino que nos preservan de inverntanos otros nuevos, más críticos o más libres. Por eso, quienes mantienen las puertas cerradas de ese capital simbólico, de alguna manera mantienen una sociedad "bajo control".
Es muy posible que muchos hombres no se den cuenta de cuan dominados están por una forma  primaria de representarse a la mujer: misógina, machista y patriarcal. Quienes se dejan encerrar padecen también ese encierro, se deprimen cuando no encajan en el rol de "depredador", no saben competir en el terreno público y se repliegan o se buscan una "mujer" que les dé la seguridad que no encuentran en el exterior.
No me voy a ocupar de ellos, sino de nosotras ahora.

El nosotras.

muchas veces las mujeres necesitan juntarse con hombres de poder para poder ascender, deben ser suaves, permisivas, o imitarlos para ser aceptadas. No pueden sino inscribirse en un maenstream, porque si son mujeres contestarias, la tarea será más complicada. Hay un feminismo que no cuestiona el sistema, que se aimenta de él y cree de manera ciega en ese "emprendedurismo" neoliberal que domina buena parte del planeta, ese sistema que le exige sacrificio, tragar culebras, anularse, o terminar produciendo patologías con su propio cuerpo, síntomas que van desde los dolores, crisis de angustia, despersonalización etc. O sea, la representación de su propia situación en el mundo está limitada, tiene que elegir entre los modelos que le ofrece la sociedad, muchas veces ofrecidos a una sociedad de consumo sedienta de estereotipos relamidos, identidades comunitarias, cerradas, que tienden a dejar fuera a otras mujeres. Lo peor de todo es que si un grupo emerge, solo lo hace si se pliega a ciertas reglas, ser dócil con el sistema dominante.

Me parece que hay algo de eso con ciertas nuevas corrientes que se inscriben con una lógica comercial, cediendo así a las presiones del mercado que reduce a quien se pliega a un medio de ganancia, a algo reemplazable en cuanto deja de servir a esos fines. ¿Podemos pensar seriamente que tener éxito con alguna etiqueta es durable y es legítimo? Las mujeres podemos estar más conscientes de eso y luchar por una libertad auténtica, escribir y escribirnos con nuestros propios instrumentos, no dejarnos dominar ni colonizar. No somos productos, y la literatura no es un producto, es un instrumento que piensa y se piensa, que crea nuevos modelos de mujeres, que da la palabra a quienes no la tienen, que estructura, y que da sentido, en resumen, un hecho fundamental en nuestras vidas.

La visión de algunos escritores sobre lo que escriben las mujeres es muchas veces de "perdona vidas", te dejo hablar si me das espacio, el intercambio, la literatura está viciada con los códigos del mercado que la están llevando al vacío.  Los hombres que escriben mantienen el poder simbólico porque se lo dejamos libre. Nos referimos a ellos y les dejamos el espacio que nosotras podemos llenar con escritura.

Espero que nos vayamos entendiendo. La economía aplicada a la literatura la convierte en un medio y no una forma vital de existencia, alimentando los modelos de dominación que nos pisan el vestido desde hace siglosLas nuevas elites literarias se mantienen sobre las cabezas aplastadas de mujeres y honbres que se rinden o se agarran de los pantalones de algún cacique trasnochado, mandarines en caída libre, etc- Los tiempos han cambiado, no hay forma de hacer que las cosas retrocedan al siglo XIX, aunque nuestra manera de pensar siga estando allí.

intento una lista de novelistas peruanas que me viene a la memoria, ojo, no he leído las cosas recientes...

Aída Balta
Mariela Salas
Claudia Salazar
Carmén Ollé
Grecia Cáceres
Teresa Ruiz Rosas
Pilar Dughi
Fietta Jarque
Jennifer Thondike
Gabriela Wiener
karina Pacheco
Giovanna Pollarollo

se me deben pasar nombres, quien sepa de algunos nuevos, que los incluya en el comentario.

martes, 3 de octubre de 2017

¿Por qué hay mujeres que odian a otras mujeres?

Lo sé. Hace mucho tiempo que no escribo en este espacio. Demasiadas preguntas y pocas respuestas y retrocedo antes de dar un salto al vacío. La idea de que no podemos opinar en el lugar de otras mujeres infantlizándolas.

Pero sucede en que la única manera de salir de ese círculo de fuego, aunque quemamos alas, es hablar, escribir, estructurar un lenguaje, dar forma a una escritura.

Justamente ahí está el problema que me toca hoy.

quiero hablar desde mi trinchera en Francia, tan solitaria, tan poco visitada. A veces, tengo que abrir una ventana para respirar o salir corriendo a la calle para no sentir que desaparezco en esta atmósfera de indiferencia y monotonía (mis críticas a la vida moderna en Palincestos tratan de analizar esta parálisis social debido a la repartición del tiempo y el trabajo).  La gran diferencia con la vida en otro espacio, en mi país, por ejemplo, es que las cosas parecen poseer un valor inalienable, la vida en general es asumida de otra forma, hay una cantidad de hechos sencillos, gratuitos. Tiene que ver con una bondad de espacios menos organizados (una cierta anarquía es importante a la imaginación) y no en función de la ganancia, donde las poblaciones tienen tiempo de detenerse a observar los gestos de sus familiares, amigos, gente en general, hablar, compartir, simplemente en vivir.

En una sociedad tan organizada y de alto rendimiento económico (no significa que la vida sea "mejor", se crean necesidades muchas veces inútiles), el resto, la vida, se deja de lado.

Las mujeres quedan rezagadas en esa carrera loca, las más astutas trepan al carro y huyen, pero las más indefensas se quedan a medio camino.

se trata esta vez de una mujer que denuncia el acoso sexual en el medio político, masculino, patriarcal francés- Se trata de una mujer blanca, de provincia, posiblemente vulnerable, que es secretaria del partido ecológico que un día se ve acorralada por un hombre de su mismo grupo político, un hombre ambicioso, de esos depredadores que ascienden sin que nada los detenga en un medio que los favorece y donde las mujeres son parte de ese ascenso, el más depredador, el más vioelnto siembra el silencio y avanza, avanza.

esta mujer, Sandrine Rousseau, decide publicar un libro para cantar en público la humillación, el miedo y la vejación sufrida. El libro se llama "Parler" (Flammarion 2017), Hablar, desalojar, limpiarse. El libro es publicado por esta editorial comercial, francesa, que hace del hecho un medio de comerciar con la desgracia de otras mujeres.  Y una día Rosseau está como invitada en un programa de alta audiencia, chillón, frívolo, donde dos escritores, un hombre (Yan Moix) y una mujer (Christine Angot) son los entrevistadores de los invitado.as, oh,  sorpresa. Cierto, a estos escritores no los conocemos en nuestro ámbito, apenas si se les conoce fuera de Francia, pero aquí tienen el poder de interrogar, juzgar, hundir muchas veces a aspirantes a la "república de las letras" con una crueldad muchas veces patológica. Su ratinng debe mucho a los talk shows baratos que se multiplican en muchas partes, y como eso funciona, dar basura al público, buscar chivos expiatorios con quien purgar todas las frustraciones de la sociedad capitalista, pues ahí estaba la pobre mujer (como nosotras) dispuesta  a aceptar preguntas que muy pronto fuerpon flechas envenenadas, algo así:

Angot: ¿Su libro es un Parler,  es hablar???? no, no..., es un discusrso y un discurso no vale, no tiene valor de nada.
Sandrine Rousseau: pero, yo hablo de algo que he vivido, que ha sido doloroso y que me ha costado escribir
Angot: Cuando una escribe, solo escribe, esas cosas suceden
Sandrine Rousseau: Pero, Cristina (tratando de buscar complicidad que no hace más que aumentar el sadismo de su entrevistadora), qué podía hacer, cómo hacer cuando hablas y nadie te hace caso, nadie te escucha?
Angot: Nada, es así, nadie escucha, eso se sabe. Pues, te las arreglas.

Moix: sí, es un discurso sobre el acoso. No es un libro,  es un discurso. etc...

es decir, el hecho de que la autora del libro haya osado hablar de un tema que es tabú en una sociedad hipócrita que se la pasa dando lecciones de moral al resto del mundo (a las mujeres musulmanas que llevan velo estigmatizándolas como inferiores, por ejemplo) enciende la mecha. No solo se argumenta que la literatura es un hecho no pensado, no razonado (cosa que puede pasar, que la escritura no sea algo razonado ni razonable, sin embargo la elección de un estilo, de un código del idioma, es ya una toma de posición, se escirbe como "alguien" y no como "nadie"), no discursivo, absoluto , somo si el lenguaje y el pensamiento estuviesen separados! sis. Y sin embargo se trata de significantes en la literatura, y Sandrine Rousseau, más allá de sus discurso, quería dar un significante a su sufrumiento, salir dese "miedo infantil" de tomar la palabra en público. Se le acusa de haberse atrevido a querer formar parte de ese "cuerpo sagrado" que es la literatura (sic, sic) en medio de una completa confusión de ideas, que confrontaba a sus límites a los implicados, alimentando su crueldad porque no solo es la confusión de términos e ideas, sino que no se soporta que se hable de la vida privada en público. Tabú, dominación patriarcal, las mujeres cuando sufren se callan, C est comme ca, chilló la madame Angot.. Es decir, nada debe ser nombrado directamente cuando se trata de la vida privada, la ficción sería el único salvoconducto, solo que antes hay que pedir permiso al tribunal de letras, ojo. ¿Y qué sino es un texto literario, literal, y todas esas declinaciones? La invitada no pretendía que se la reconociera como autora, lo que había en el fondo es más grave: se le acusaba de estar usando a literatura como trampolín, oh, ignominia, ¿cómo se atreve? ¿Cómo?

Para empezar habría que recordarles que toda puesta en forma de una experiencia por escrito puede ser literatura, que no tiene por qué no existir discurso, sino Proust, que empezó escribiendo ensayos antes de que sea A la búsqueda de..., iría a la basura, que todo es ficción en la vida, y que ellos no son nadie para decidir qué es literario o no, que no estamos en el siglo XIX. O peor aun que sean tan insensibles a la vulnerabilidad del otro.as y que se haga de este hecho deplorable un espectáculo del cual son cómplices voluntarios. Nadie dice que quienes escriben son buenas personas, hay cretinos en abundancia y mujeres sin nada qué decir, pero una autora que, como Angot, sabe lo que es la violación, que no logre un mínimo de empatía, es inquietante, es chato, pobre. Que se arroguen el derecho de maltratar a alguien porque toca las teclas de las sagrada literatura, me revienta. Me parece horrible.

debemos empezar a preguntarnos hasta dónde puede existir una separación  entre lo público y lo privado, ese prutito burgués tan falso y con olor a farsa.

la mujer es devuelta constantemente a su cuerpo, a su cuerpo como inmanencia, como carga. Y  como peligro, como provocación in fine. La mujer que escribe varios libros sobre incesto, escalpela a su congénero, simplemente porque no soporta que hable del mismo tema y haga de ello una lucha política, es decir, lo que ella no le da la gana hacer, y que no lo haga, pero que no joda. Punto.

Una escritora es un escritor, añadió hundiéndose más, ajustándose el cintillo, escupiendo casi, uf, patético.  Que ella se masculinice, que acepte las rodilleras que le impone la sociedad, es su problema, pero que no se lo imponga como una autoridad a otra persona.

En resumen, es tan patético este machismo consentido en Francia, que las mujeres no tenemos  donde voltear la cara. A donde lo hagamos, hay alguien dispuesta a linchar, entre ellas, muchas mujeres.

Mierda.

que no se hable más de los derechos humanos, son los derechos del hombre, como decía Olympia de Gouges que redactó una declaración de los derechos de la mujer y fue guillotinada por girondina.

Un mundo de hombres con mujeres que quieren ser hombres, Un solo género entonces...

vade retro.
regreso al tema luego.
Pausa, necesito tomar aire-

martes, 7 de marzo de 2017

¿Por qué retrocede el feminismo?


¿Por qué retrocede el feminismo?

Por Patricia de Souza

¿Es posible que la dominación social, sexual y simbólica de la mujer se pueda  entender únicamente en cifras? Nada más simple que una cifra, nada más paralizante e indiferente. Una cifra hace un llamado a la lógica, extrae de contexto, petrifica. Por eso, aunque las estadísticas de esta dominación sigan siendo inquietantes, ahora más que nunca en una sociedad tan conectada, no voy a recordarlas, sino pensar el por qué el feminismo se entrampa en un debate estéril. Si Marx y Engels en su Historia de la familia dijeron que la mujer había perdido la batalla histórica por no haber participado, lejos de verificar si existieron matriarcados en sociedades no occidentales, como lo quiso demostrar Johann Bachofen, estas formas de opresión poseen una historia y un mapa cada vez más claro de exclusión. Se tiende a rechazar la idea de que las mujeres no posean los mismos derechos que los hombres en una época globalizada y de “proletarización del consumo” que ha modificado el sentido común de la mayoría, es decir, el silogismo de “si consumo existo, y si todas consumimos, existimos”. El abaratamiento de la producción, en detrimento de la calidad, reproduce los mismos esquemas al pensar, y, sin darnos cuenta, protegemos el legado cultural de nuestros dominantes. Lo que parece globalizado es el modelo binario de salario-consumo. O sea, tener los mismos paradigmas de bienestar, soñar y desear (el deseo mimético, por imitación y alienación) los mismos objetos en una sociedad dominada por la ganancia que produce una imbricación entre división social y división sexual del trabajo, una confusión entre esfera pública y privada, una reclasificación del rol de la familia y una desvalorización del trabajo doméstico en favor del trabajo salariado (ver Silvia Federicci). Si las relaciones de clase y las relaciones de sexo son irreductibles a la misma cosa,  estas se condicionan y se nutren mutuamente, por lo que no se puede luchar contra la opresión sin hablar de luchar contra la explotación. Pienso en el tema de las “maquiladoras” en México, las empleadas domésticas en mi país, el Perú, y esa larga lista de servilismo consentido por el mundo globalizado.
El problema más complicado es unir las diferentes vertientes del feminismo, dilema post-moderno. ¿Cómo podemos hablar de un discurso totalizante en tiempos de relativismo cultural y de descolonización del conocimiento? Los “universalismos” han sido también el arma de opresión cultural más eficaz, y si somos honestas, son los hombres los que han salido siempre beneficiados, el Uno es idéntico a sí mismo, la mujer tiende a aspirar a ese Uno para dejar de ser fragmentada, el “garcon manqué” freudiano. Debate también entre lo natural y lo adquirido, entre biología y cultura, tópico complicado y sin consenso. Por más que digamos que las mujeres son consideradas como seres completos y con derechos iguales a los hombres, la experiencia tiende a mostrar lo contrario: feminicidios en aumento, rezago social, laboral, e intelectual,  la legislación avanza pero las costumbres y las mentalidades no siguen el movimiento que parece poseer su propia lógica. Las reivindicaciones son tomadas como  una pose o un discurso “elitista”: solo habla aquella que puede darse el lujo de poder romper con las reglas de la tribu. La religión también se impone en una era de desastre climático, migraciones y descomposición social. Según Michel Maffessoli, el sentimiento trágico surge cargado de mitos donde la mujer tiende a ser más esclava y más sumisa. El capital simbólico subsidiario de la economía de mercado no deja espacio para que la mujer se vea de otra manera que no sea utilitaria, es útil a la comunidad, a la preservación de la especie (vientres de alquiler), pero esa utilidad está supeditada a un servicio, a un aprovechamiento que va siempre en contra de sus derechos como persona y como ciudadana. Este capital simbólico está también garantizado por el poder alienante de su contenido, las mujeres acceden a la cultura dominada y construida por integrantes del medio dominante, aliado del gran capital, sienten que forman parte de ese “todo global” y combaten a aquellas que se resistan a los dictámenes de la hegemonía ideológica. Al menos, esa es la realidad en nuestro mundo occidental donde el espacio social y político está en disputa, donde somos la parte que “no nombra”, como decía Flora Tristán en el siglo XIX, o las “parias” que describió Madame de Stael en sus análisis sobre la literatura escrita por mujeres. Escuché en la radio a la artista Annette Messager, primera mujer en obtener el premio de la Bienal de Venecia en el 2005, a quien la situación de las mujeres en el arte le parecía deplorable, lejos de los tiempos de las “Guerrilla girls”, y más cerca de una condescendencia anestesiada. En la literatura, el medio con más carga simbólica e ideológica, el más dominado y formateado, las pocas voces que logran levantar vuelo, terminan por arrastrar el ala. Ante la falta de consenso de qué es importante para las mujeres dependiendo del lugar de dónde se analice su situación, el mundo se radicaliza marginándolas de manera eficaz, incluso violenta, inmanencia garantizada. Un universalismo es posible dentro de una pluralidad de ideas y representaciones, que es lo mismo a decir que los acuerdos plurales, incluso paradójicos, puedan existir. El feminismo no puede ser el producto de mercado etiquetado como “peligroso”, sometido a la presión social, bajo amenaza de castigo. Atreverse a ser feminista es atreverse a pensar qué significa poseer un cuerpo, pertenecer a una cultura, y qué significa la historia como la narración del relato de nuestra especie, una narración que necesita reflexión del por qué no estamos presentes, puesto que estamos en condiciones de hablar. Antes de que sea un balbuceo.
Antes de que sea un balbuceo.